Versículo 5 — La Paz y la Compasión
« Porque nunca el odio cesa con el odio en este mundo; cesa solo con el amor. Esta es una ley eterna. »
Practique pacíficamente
Hoy, ante un desacuerdo o una animosidad, niéguese a alimentar la escalada. Responda con un tono tranquilo u ofrezca un silencio compasivo, visualizando que apaga un fuego con agua en lugar de con gasolina.
Reflexión y explicación
He aquí una de las formulaciones más universales y célebres de la sabiduría budista. Enuncia una ley psicológica y espiritual tan inmutable como la gravedad: la oposición frontal de la misma naturaleza solo amplifica el mal que pretende combatir. Responder a la ira con ira, a la agresividad con venganza o al desprecio con rechazo solo encierra a los protagonistas en un círculo vicioso sin fin. La única forma de interrumpir esta mecánica destructiva es introducir un elemento de naturaleza radicalmente diferente. Solo el amor desinteresado (Metta), la compasión o la comprensión benevolente poseen el poder de disolver el odio. Esto no tiene nada que ver con la debilidad, la sumisión o la pasividad, sino que constituye, por el contrario, un acto de inmensa fuerza espiritual. Requiere romper el impulso de la reacción automática para ofrecer un espacio de pacificación. Al aplicar esta «ley eterna» en nuestras relaciones cotidianas, dejamos de ser los transmisores de la violencia del mundo y nos convertimos en agentes activos de curación y armonía.